LA ASTRONOMIA MODERNA
La astronomía surge desde que la humanidad dejó de ser nómada y se empezó a convertir en sedentaria; luego de formar civilizaciones o comunidades empezó su interés por los astros. Desde tiempos inmemorables se ha visto interesado en los mismos, estos han enseñado ciclos constantes e inmutabilidad durante el corto periodo de la vida del ser humano lo que fue una herramienta útil para determinar los periodos de abundancia para la caza y la recolección o de aquellos como el invierno en que se requería de una preparación para sobrevivir a los cambios climáticos adversos.
Todas las grandes culturas de la antigüedad, desde la babilónica hasta las precolombinas, disponían de registros astronómicos importantes, que sirvieron de base para la creación de calendarios, como los solares, lunares y lunisolares, la regularidad de ciertos fenómenos celestes, sobre todo los que se aprecian con dificultad a simple vista, ha inducido a la humanidad desde tiempos remotos a considerar el cielo como un reloj que ha marcado los grandes ritmos de la actividad humana.
La introducción del uso del telescopio pro Galileo Galilei supuso un gran avance para la astronomía, gracias a las invenciones de Nicolás Copérnico y Galileo, se consideró que la tierra no era el centro del universo, pero, aunque se habían precisado la posición y el movimiento de los planetas en torno al sol, las estrellas seguían siendo cuerpos lejanos, la determinación de la forma de las orbitas planetarias por Johannes Kepler, sobre la base de miles de datos observacionales recogidos por Tycho Brahe, y la formulación de la ley gravitacional por Isaac Newton
Como reflejo de ello, el filósofo y sociólogo Auguste Comte afirmo que en la astronomía hay que limitarse a los fenómenos geográficos y mecánicos, luego los matemáticos se ocuparan de reducirlos a teorías generales, toda tentativa de profundizar en este campo será vana. Los cuerpos que desde nuestra visión solo se pueden explorar desde lejos, podrán ser estudiados únicamente según la extensión y el movimiento.
A finales del siglo XIX se descubrió que, al descomponer la luz del Sol, se podían observar multitud de líneas de espectro (regiones en las que había poca o ninguna luz). Experimentos con gases calientes mostraron que las mismas líneas podían ser observadas en el espectro de los gases, líneas específicas correspondientes a diferentes elementos químicos. De esta manera se demostró que los elementos químicos en el Sol (mayoritariamente hidrógeno) podían encontrarse igualmente en la Tierra. De hecho, el helio fue descubierto primero en el espectro del Sol y solo más tarde se encontró en la Tierra, de ahí su nombre.
Durante el siglo XX se han construido telescopios de reflexión cada vez mayores. Los estudios realizados con estos instrumentos han revelado la estructura de enormes y distantes agrupamientos de estrellas, denominados galaxias, y de cúmulos de galaxias. En la segunda mitad del siglo XX los progresos en física proporcionaron nuevos tipos de instrumentos astronómicos, algunos de los cuales se han emplazado en los satélites que se utilizan como observatorios en la órbita de la Tierra.
Estos instrumentos son sensibles a una amplia variedad de longitudes de onda de radiación, incluidos los rayos gamma, los rayos X, los ultravioletas, los infrarrojos y las regiones de radio del espectro electromagnético.
Los astrónomos no sólo estudian planetas, estrellas y galaxias, sino también plasmas (gases ionizados calientes) que rodean a las estrellas dobles, regiones interestelares que son los lugares de nacimiento de nuevas estrellas, granos de polvo frío invisibles en las regiones ópticas, núcleos energéticos que pueden contener agujeros negros y radiación de fondo de microondas, que puede aportar información sobre las fases iniciales de la historia del Universo.

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